Hace unos días llego a mi correo una serie de imágenes sobre una manifestación, en la cual, un grupo de “artistas creadores”, exigen su derecho a utilizar para sus creaciones los símbolos patrios. Esa idea me llevó a recordar las palabras del Che cuando menciona que el artista burgués está encasillado en una jaula, jaula de la que no puede salir, pero se cree libre, jaula que el sistema económico le impone, con la cual lo mediatiza y le hace sentirse y creerse parte de una elite intelectual creadora por encima del grueso de la población. Guevara con gran maestría habla del arte del siglo XX, aquel que representa en su creación la angustia de un hombre enajenado. En palabras de Adolfo Sánchez Vázquez: En el sentido de que por hacerse en el una realidad decadente, ese arte también lo es. El capitalismo mercantil domestica a ese hombre que se dice rebelde, cayendo poco a poco en sus fauces y entrando a una dinámica de mercado individual. El artista al estilo Diego Ribera, o Goytia, son solo ilusorios en la mayoría de los casos. Esas imágenes me hicieron así mismo recordar -a propósito de lo escrito anteriormente-, las palabras del gran Maestro Diego Ribera, quien habla de una esencia de clase impresa en el arte. Así decía Ribera: el arte hecho por una artista proletario, con conciencia de clase, así sea una flor, será un arte revolucionario, no así el artista que represente libertad en sus obras, pero que en sus actos demuestre lo contrario.
En está era de Globalización Neoliberal, el arte burgués se apropia de los símbolos patrios, diciendo que son de todos y no de unos cuantos, generando un efecto contrario, pero no solo contradictorio, sino antitético, una reafirmación de la perdida de la memoria histórica. Efectivamente, los símbolos patrios son de todos, sí, pero de todos aquellos que realmente los sienten suyos y le dan el respeto y el valor que se merecen, no la bandera en tanto tela, no los colores verde blanco y rojo en tanto colores, no el águila, sino la historia en ellos implícita, las resistencias, la sangre de todos los que con su coraje han hecho posible este México no libre aún, pero si real, y le han arrebatado al opresor su derecho a ser, a decir y a exigir. Es absurdo reivindicar un símbolo patrio como libre y de todos, cuando no me interesa si mi país se va cada vez más al caño, cuando no me interesan los millones de niños que se mueren de hambre, cuando no abogo por la humanidad y contra el neoliberalismo, cuando no me manifiesto contra la individualidad, es más, cuando en mi esencia abogo por una individualidad sin respeto y honor a nuestros muertos. En ese sentido es fácil decir esto es mío, cuando no se ha hecho algo por eso que se exige, cuando en mi intelectualidad enana busco sobresalir en ese circulo de “creadores”, en esa elite artística que escupe frases huecas, pero que en sus actos no tienen una conciencia social, esa elite que exige los millones por una pintura, y en ocasiones demerita el trabajo creativo e intelectual de un barrendero, o un albañil, esa elite que se siente privilegiada e inalcanzable, esa elite que demerita el arte popular, esa elite que ahora escupe e insulta nuestra historia con su absurdo pseudos derecho neoliberal del todo está en venta, hasta la historia, hasta nuestros muertos, hasta la ausencia de su dignidad humana.
¿Con que derecho se reivindican los símbolos patrios que son producto de cruentas batallas, si ni si siquiera se preocupan por sus semejante?, Más bien, con que cinismo señores presentan sus pinturas, esculturas y demás, a un hermano indígena y lo muestran para satisfacción de su fetiche cultural, hablan de ellos y de su riqueza, pero no hacer nada porque ellos puedan también hacer arte y cultura, por hacer un arte abierto y plural. No puedo reivindicar para mi algo que no siento, algo de lo cual no he ayudado a construir, algo que para muchos de millones de mexicanos tiene más sentido que el renombre en una elite intelectual pseudoartística.
No abogo por un nacionalismo chovinista ni fundamentalista, más bien por una plena libertad del ejercicio de autonomías y autodeterminaciones, y es ahí donde se centra el fundamento de mi postura. Nuestros hermanos Vascos, nuestros hermanos palestinos mueren peleando por su derecho a reafirmarse como nación autónoma, independiente y libre. Eso es el internacionalismo, caer en cuenta que somos una nación de naciones inmensa llamada humanidad, que cada una tiene características diferentes, culturas, formas de ser y de hablar y de sentir, y que es precisamente ahí donde reside la condición humana, y es precisamente ahí donde reside la lucha por el respeto a nuestro pasado, a nuestra historia. No pierdo la utopía de construir en algún momento un planeta sin fronteras y sin banderas, pero para que eso llegue, debemos primero reivindicar y luchar por el respeto a la diversidad.
Soy apenas un ciudadano, un camarada, un compita, un hermano, un valedor, pero soy, y para ser realmente en este monstruo de capitalismo neoliberal, necesito imperantemente el respeto a mi memoria histórica.
Malditos aquellos que con sus palabras defienden a la patria, y con sus actos la traicionan.
Benito Juárez.

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